PASADO Y PROBABLE FUTURO DEL CAMPO
ARGENTINO.
Víctor Luis Funes
El campo me entusiasma desde la más tierna infancia, por muchas
razones. Por una acentuada vocación que preservo desde chico.
Mas que una simpatía fue un ímpetu, una efervescencia
febril y arrebatadora. También el campo me apasiona por la
grandeza que implica permitirnos ser copartícipes del plan
de la Creación; por el particular señorío - severo,
innato, recatado - que impera entre su gente; por una cierta incontaminación
moral; por su acendrado y actuante espíritu cristiano - “gauchadas”
de por medio -; por la belleza de sus escenarios naturales, permanentemente
renovados desde la madrugada hasta el atardecer; en fin, por la valiosa
y singular contribución que hizo, realiza y sin duda aportará
al adelanto integral de nuestro país y a su identidad histórica.
La transformación y el crecimiento del sector agropecuario
de nuestro país se pueden dividir en etapas bien diferenciadas.
La primera se extiende desde la fundación de “Nuestra
Señora del Buen Aire” (3/II/1536, cuando arribaron 72
caballos y yeguas, de los que sólo restaban 7 machos y 5 hembras
cuando su traslado) hasta 1810. Le sigue la que se desenvolvió
hasta 1853. Después acontece la espectacular expansión
ocurrida entre 1880 y 1940 (con un breve paréntesis negativo
consecuencia de la crisis del 29). Luego sufrimos la parálisis
fruto del apogeo del estado niñera hasta la manumisión
de los prejuicios, que ahora parecen reavivarse. Por fin trataré
de revelar lo que nos aguarda.
De momento, es edificante recordar lo que hicieron aquellos robustos
y temerarios personajes que caminaron, descubrieron y civilizaron
estas inhóspitas y agresivas soledades. Fueron los protagonistas
de uno de los capítulos heroicos más sobresalientes
de la historia de la Humanidad.
En 1527 Gaboto remonta el Paraná. Al cabo de un mes, (9/VI),
en la boca del Carcarañá, asentó el Fuerte de
Sancti Spíritus, donde por primera vez aquí se cultivan
hortalizas y trigo (1).
Juan de Ayolas también navegó el Paraná hacia
el norte (junio de 1536) donde se encontró con el desertor
Jerónimo Romero, quien le ponderó la fertilidad del
suelo y la bondad del clima. Por eso levanta Corpus Christi (15/VI/1536),
cerca de lo que hoy es Coronda. Unas leguas abajo, Mendoza erigió
Buena Esperanza en lo que actualmente es Puerto Gaboto (Dep. San Jerónimo).
Dos años mas tarde (15/VIII/1537) Juan de Salazar funda Nuestra
Señora de la Asunción.
Por Real Cédula (12/IX/1537), los pobladores quedaron facultados
para designar gobernador. Lo eligen a Domingo Martínez de Irala,
quien ordenó despoblar y abandonar Buenos Aires, pese a que
-según su propio juicio- era “el mejor puerto que hay
en este río...”(2) Los sufrimientos que padeció
aquella gente fueron atroces. Están descriptos por Ulrich Schmidel
en su “Viaje al Rio de la Plata”. El grabado de T. de
Bry demuestra que el hambre los arrastró hasta el canibalismo.
Aquellos tiempos homéricos registran proezas como la de doña
Mencia de Calderón de Sanabria (la viuda del segundo Adelantado)
quien, con cuarenta mujeres, un sacerdote y algunos indios, al cabo
de sufrir prisión durante una década y dos naufragios,
caminó tres años desde el Chuy hasta Asunción,
luego de cruzar Uruguay, Río Grande do Sul, Misiones y las
cataratas. Desde Asunción también años más
tarde partiría a caballo su nieto Hernando Arias de Saavedra
(que sólo tenía 16 años) para arrear 3.000 vacunos
rumbo a la futura Santa Fe.
Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, que a pie desde Rio de Janeiro
llegó a Asunción -luego de caminar durante años
las costas de la Florida y del golfo de México-, fue el segundo
Adelantado del Rio de la Plata. Con él ingresaron 36 yeguarizos
en 1542 (3). Irala le traspasó el mando (11/II/1541).
Poco después (1550) Nuflo de Chaves introdujo las primeras
ovejas “churras”.
Juan Ortiz de Zárate fue el tercer Adelantado y con su ascenso
arribaron a nuestras tierras, procedentes de sus tierras de Charcas
y Tarija, 4.000 vacas, 500 cabras, 4.000 lanares y 300 yeguarizos.
Los hermanos Scipión y Vicente Goes, desde Santa Catalina (Brasil),
trajeron 7 vaquillonas y 1 toro. Martín Suárez de Toledo,
que reemplazó a Felipe de Cáceres en el mando de Asunción,
eligió a Juan de Garay para que “abra puertas a la tierra”.
Para ello el noble vizcaíno vendió sus bienes y empeñó
los de su mujer. Parte de la expedición, que llevaba el ganado,
marchó por tierra siguiendo siempre la costa (4) en busca de
pastos y “buenas tierras de sembradío.” (5)
Como se sabe, Garay fundó Santa Fe (15/XI/1573)(6).
Martín del Barco Centenera (7) dirá:
“Estaba la ciudad edificada / encima la barranca, sobre el río;
/ de tapias no muy altas rodeada, / segura de la fuerza del gentío
/ de mancebos está fortificada / ... que son diestros y bravos
en la guerra / los mancebos nacidos en la tierra” .
Ortiz de Zárate murió al año de su ascenso. Debía
sucederle quien se casara con Juana, hija suya y de una princesa inca.
Por eso asumió Juan Torres de Vera y Aragón, el cuarto
Adelantado, quien confió a Garay el repoblamiento de Buenos
Aires (que se llevó a cabo el 11/VI/1580, con 66 habitantes).
Su entorno fue parcelado con destino a chacras de sembradío
y huertas.
Unos días antes, el 1/VI, vísperas de Corpus Cristi,
ocurrió en Santa Fe el levantamiento de “Los siete jefes”,
al que varios consideran -mi padre, entre otros- el primer antecedente
del Año X.
Luego vendrán los repartos de las suertes de estancia, las
vaquerías (descriptas por Fray Pedro José de Parras),
las nacientes exportaciones de cueros, ovejas y tasajos a Brasil y
Cuba autorizadas por Felipe III (Real Cédula del 2/VIII/1602),
la implantación de la primera matrícula de matarife
(23/III/1609), la multiplicación de las Misiones (particularmente
las guaraníticas asentadas por los PP. Jesuitas), la aparición
de los saladeros, el contrabando, etc.
La primera marca la concedió el Cabildo de Bs. As. a Francisco
Salas Vidella, (19/V/1589).
En 1617 (Real Cédula del 16/XII) Felipe III divide la gobernación
en dos: la del Rio de la Plata y la del Guairá (con capitales
en Buenos Aires y Asunción) y veintitrés años
más tarde (5/X/1617) comienza el traslado de Santa Fe por disposición
de Diego de Góngora hacia el rincón de la estancia de
Juan Lencinas. El capitán Antonio de Vera Mujica regala tierras
al Cabildo santafesino. Al nombre primitivo se le añade el
de la Vera Cruz. Al cabo de diez años (1660) la mudanza había
concluido, las estancias fueron repobladas, se multiplicaron las ofensivas
contra los malones depredadores y se constituyeron numerosas reducciones.
Santa Fe fue declarado “puerto preciso”, lo que contribuyó
a acelerar su crecimiento.
Una de las figuras más sobresalientes de esta etapa civilizadora
y poblacional fue la de Hernandarias (hijo de Martín Suárez
de Toledo y de María de Sanabria, nieto del Gran Mariscal de
Castilla, que se distinguió en la guerra de Italia), a quien
el Cabildo de Asunción designó Teniente de Gobernador
y Justicia Mayor (13/VII/1592) y reeligió seis veces hasta
su muerte (21/XII/1631).
Son célebres sus “Ordenanzas” en defensa del trabajo
de los aborígenes. También descolló como ganadero,
a juzgar por el Dr. Aranguren (8).
Según Gianello (9), los gobernadores que sobresalieron hasta
el año X fueron, además de Juan de Garay, Francisco
de Sierra, Alonso de Herrera y Velasco, Francisco Pascual de Echagüe
y Andía (elegido el 15/XI/1691), su hijo Francisco Javier de
Echagüe y Andía (1773), Francisco Antonio de Vera y Mujica,
Melchor de Echagüe y Andía y Prudencio María de
Gastañanduy.
Francisco Pascual de Echagüe y Andía obtuvo los mayores
y mejores progresos. Fundó tres reducciones (o colonias): San
Lorenzo con los mocoretaes, San Miguel de Calchines y San Bartolomé
de los Chanaes. Obtuvo el concurso de los PP. Jesuitas a quienes les
debemos la llamada civilización misionera-guaraní. En
1743, con la ayuda del P. Francisco Burgnés, organiza la mocoví
de San Francisco Javier; con el P. Diego Horbegozo, la abipona de
Arroyo del Rey (hoy Reconquista); con el P. Florián Paucke
(1765), la mocoví de San Pedro (hoy San Javier); etc. (10).
En nuestras tierras las encomiendas fueron escasas. Según Levene,
el desarrollo de la ganadería constituyó la fuente del
bienestar de entonces y el hecho económico y social que dio
origen al Virreinato del Río de la Plata (11).
En la estancia colonial el pastoreo era relativamente nómade
y arisco. Los rodeos se paraban en las rinconadas o sea donde se cruzaban
dos arroyos.
La apertura de nuestros puertos comenzó con la tímida
del primer Virrey del Río de la Plata, don Pedro de Ceballos,
seguida por Vértiz, fragmentariamente culminada el 10/IV/1795,
mientras aumentaban las ventas de mulas a Chile.
“Con el triunfo de los monopolistas de Cádiz -escribe
un contemporáneo- el coloniaje abrió las puertas del
infierno a la hacienda vacuna, el purgatorio al caballo y el paraíso
a los burros... ¿Para qué fundar estancias y cuidar
ganado, si se carecía del estímulo del comercio y máxime
que la Pampa estaba llena de Hacienda para los contrabandistas?”
En vísperas de la emancipación se divulga la célebre
“Representación de los Hacendados” de Mariano Moreno,
que abogó en favor del comercio con Gran Bretaña dispuesto
por Cisneros (30/IX/1809). El comercio libre era reclamado por Escalada,
Castelli, Belgrano y otros. Gravitan “El Telégrafo Mercantil”
de Cabello y Mesa y el “Semanario de Agricultura” de Hipólito
Vieytes, según la opinión de Enrique Mario Mayochi en
su libro “El periodismo en la Revolución de Mayo”.
Las consecuencias del establecimiento del comercio libre no pudieron
ser más provechosas. En poco tiempo el déficit fiscal
se transformó en superávit. También mejoró
el valor de los cueros, (un millón y medio fue embarcado en
menos de seis meses). Además aumentaron las exportaciones de
otros productos: cueros curtidos, sebo, grasa, carne salada y lanas,
ya consideradas en Europa.
Según Félix de Azara, en su “Memoria sobre el
Estado Rural del Río de la Plata”, “estaban las
Pampas de Buenos Aires desde esta ciudad al Río Negro... tan
llenas de ganado cimarrón, que no cabiendo se extendía
hacia las minas de Chile, Mendoza, Córdoba y Santa Fe. También
es público y notorio, que... hasta pasados los años
de 1780, había cuanto ganado alzado podían mantener
los campos... El espacio ocupado en aquellos tiempos por los ganados,
casi todos cimarrones, pasaba de 42.000 leguas cuadradas,... (donde
pastaban) 48.000.000 cabezas de ganado”.
Vicente Fidel López, en su “Historia Argentina”,
sostiene que “la campaña de Buenos Aires contenía
millones de cabezas y yeguas”.
A fines del s. XVIII y principios del siguiente, descuella Francisco
Antonio Candioti , el “Príncipe de los gauchos”,
cuya personalidad fue descripta por los hermanos Robertson (12). Ellos
inventariaron sus bienes. Fue el más rico de su tiempo en el
Plata. Poseía 300 leguas cuadradas (o sea, 750.000 has.), 250.000
vacunos, 300.000 caballos y mulas y 500.000 duros en onzas de oro
provenientes de sus ventas en el Perú, hacia donde partía
sin descansos con sus prolongados arreos pues tenía fama de
dormir sobre su montura. “Señor de estancias y haciendas,
según Cutolo, logradas con su trabajo personal y constante
sacrificio”, ayudó a Belgrano en 1810 cuando su campaña
al Paraguay con 12 carretas, peones y 1.300 bovinos. El prócer
lo define como un “patricio honradísimo”. Y añade:
“me ha ofrecido todos los auxilios que pendan de sus facultades
y además merece el concepto y respeto de este vecindario”.
Fue el primer gobernador de Santa Fe (2/IV/1815). “El pueblo
acogió su designación con un júbilo indescriptible”(l3).
Mientras la invadía Viamonte, los indios asolaban Sunchales,
Cululú, Cayastá, la costa de Añápiré,
ambas del río Salado y los fuertes. Se robaron 70.000 vacunos
además de yeguarizos, mulas, ovejas y las sementeras. Estas
calamidades fueron una de las consecuencias negativas de la expulsión
de los PP. Jesuitas. En 1820, por el Tratado de Benegas, Santa Fe
recuperó unas 20.000 cabezas gracias a Rosas.
El irlandés John Harratt (1817) observaba el poco cuidado que
aquí le daban a las majadas. “Lana cabruda, cuerpo mal
formado y delgado con poca disposición para engordar”.
La primera tropa traída del Perú “tiene todas
las señales de estar volviendo con toda prisa a un estado silvestre”.
El ingreso del primer plantel lanar de la raza Merino se debe a Thomas
Lloyd, quien en 1813 lo ubicó en su estancia “Alto redondo”.
Al cabo de pocos años, en 1824, el Gral. Manuel Pintos compró
100 merinos ingleses y poco después John Harratt, Peter Sheridan
y Capdevila importaron 30 ovinos de la raza South-Down. El último
le cedió su parte a Thomas Whitfield quien, con los anteriores,
organizaron la cabaña “Los tres amigos”, más
conocida por “Los Galpones”, ubicada en San Vicente a
unas tres leguas de “La Caledonia” de John Miller. En
1828 “Los Galpones” aumentó su rodeo con 27 carneros
de la cabaña “Alto Redondo” y fue en su tiempo
el de mayor importancia. José Mario Rojas, Juan Pedro Aguirre
y José Haedo le compraron al cabañero importador 400
cabezas a diez pesos fuertes cada una, que llevaron a una chacra cerca
de Quilmes y luego a la estancia de “Salcedo”, cerca de
Luján. El primitivo criador se trasladó con una pequeña
majada a la estancia “Rincón de la Luna” en Corrientes.
John Hannah, que adquiriera a Santiago Lagosta “La Carmen”,
cercó con espinillos e instaló los bretes y bañaderos
para combatir la sarna. Fue uno de los primeros en plantar eucaliptos.
David Shennan introdujo las recientes máquinas de esquilar.
En 1825 Felipe Piñeyro importó tres padrillos y una
yegua de tiro pesado de la raza Shire.
John Miller (entre 1823 y 1826) ingresó el primer Shorthorn
llamado “Tarquin” para su estancia “La Caledonia”
cerca de Cañuelas.. Del mencionado reproductor descienden los
“Tarquinos”. Su predominio se extendió durante
tres décadas hasta que otros estancieros lo imitaron.
En 1847 el gobernador Gral. Dr.Pascual de Echagüe lleva a cabo
expediciones punitivas contra los aborígenes y con los Vilelas
y Sinipíes acuerda una convivencia pacífica.
Según Roberto T. Alemann, desde 1840 hasta 1878 (primera exportación
de trigo realizada a Inglaterra por Carlos Casado del Alisal) y sobre
todo con la Constitución del 53/60 -la tercera escrita más
antigua del mundo después de la de Estados Unidos de 1787 y
de la Confederación Helvética de 1848-, y hasta la culminación
de la Campaña del Desierto (1879) nuestra historia económica
exhibe sus primeros cambios cualitativos relativamente modestos pese
a los importantes movimientos inmigratorios , a la multiplicción
de las colonias (en la mayoría organizadas y promovidas por
la iniciativa privada, entre las cuales sobresalen las catorce santafesinas),
la expansión del ferrocarril (en 1863 se construyó el
que une Rosario con Córdoba), el uso del molino de viento,
la plantación masiva de eucaliptos, la instalación de
los alambrados (el primero fue el de Ricardo Newton), el empleo del
arado de asiento, la importación de reproductores, la constitución
de la Sociedad Rural Argentina -en 1866, cuando los indios, después
de ocupar San Rafael y Rio Cuarto, llegaron hasta las puertas de Rosario,
cuando Felipe Varela usurpaba el gobierno de Salta y Mitre perdía
10.000 hombres en Curupaytí- y la fundación de otras
Sociedades Rurales promovidas por aquélla, etc. (15)
Desde entonces comienzan a fabricarse las primeras cosechadoras en
la Colonia San Carlos y se instalan los primeros molinos a viento.
Proliferan los tanques australianos. Se intensifica la entrada de
reproductores británicos. Entre el 80 y el 90 ingresaron centenares
de toros de pedigrí, sobre todo de la raza Shorthorn. Entre
el 80 y 1907 fueron importados 16.150 reproductores. En 1870 la Sociedad
Rural Argentina organiza la primera exposición agropecuaria
que se lleva a cabo en Córdoba y en 1875 la que se realizó
en Buenos Aires en el predio de calle Florida y Paraguay.
En 1870 teníamos 732 km. de vías férreas. Cuatro
décadas mas tarde dispusimos de 33.478 km. para transportar
43 millones de tn.
En 1876 arribó el barco “Le Frigorifique” con carne
congelada según el procedimiento del Ing. Charles Tellier y
seis años más tarde Eugenio Terrasón construía
el primer frigorífico de nuestro país sobre el Paraná.
En 1887 el tasajo representaba el 48% del valor de nuestras exportaciones
cárnicas, los vacunos en pié el 28% y las carnes congeladas
el 28%.
Un año después 57 criadores tenían registrados
1.550 animales de pura sangre. Las hectáreas alfalfadas eran
390.000.
En 1889 la Sociedad Rural Argentina por primera vez exporta a Inglaterra
animales en pie, envíos que a partir de entonces y sobre todo
desde 1894 se intensifican pues por razones de distancia y de precios
competíamos ventajosamente con los animales de Canadá,
Estados Unidos y Australia.
En 1893 la Sociedad Rural Argentina crea los registros genealógicos
para cada raza y adquiere los que ya existían. Dos años
más tarde la superficie alfalfada llegaba a 713.000 hs.
La crisis lanera francesa ocurrida en 1900, sumada a las adversas
contingencias climáticas provocaron una declinación
del consumo de carne ovina. Paralelamente Inglaterra aprovechó
un brote de fiebre aftosa -cuyo origen fue británico- para
cerrar el ingreso de nuestros animales en pie. A partir de entonces
comienza el protagonismo de los frigoríficos Sansinena, The
River Plate y Las Palmas que arriendan la planta del Terrasón
-única de capital argentino-, para mantenerla cerrada. La Sociedad
Rural Argentina aboga por la construcción de un frigorífico
nacional para defender el precio de nuestra hacienda, que se cotizaba
a menos del 50% de las producidas en Oceanía (“Anales”,
t. XXXVI, 1902). Los frigoríficos norteamericanos introducen
el sistema del “chilled beef” o carne enfriada y comienza
la primera guerra de las carnes.
En 1895 teníamos 21.700.000 vacunos. Trece años después
contabilizábamos 29.117.000 cabezas. La provincia de Buenos
Aires disponía del 35% del stock nacional y la mayor mestización.
El tasajo sólo representaba el 4% de nuestros excedentes.
Las compras de rollos de alambres registradas desde 1876 hasta 1907
ascendieron a 70.000.000 de pesos oro.
El vertiginoso crecimiento de la siembra de trigo y de maíz
fue el resultado del “sistema de mediero” imaginado para
incrementar las áreas alfalfadas. Juan L. Tenembaum anota que
en la década que corrió desde 1894/5 la superficie sembrada
con alfa aumentó un 251%, la de lino 179% y la de trigo 139%.
El tambo comenzó a expandirse a principios de este siglo. En
1898 ya se habían constituidos varias cooperativas en la provincia
de Buenos Aires, con unos cientos de tamberos. El tema lo traté
“in extenso” en un trabajo que realizara en 1967, titulado
“Perspectivas de la industria lechera”, que me premió
el Primer Congreso Provincial de Lechería” e hizo publicar
la Sociedad Rural de Santa Fe. A dicho libro me remito. La “Asociación
Judía de Colonización” contribuyó de manera
preeminente al desarrollo de esta actividad.
En la década de los 80 los inmigrantes-arrendatarios no se
dejaron seducir por los bajos precios de la tierra y pocos fueron
los que se transformaron en propietarios.
En 1900 el producto pro cápita en nuestro país era dos
veces superior al de Japón, mayor al de Finlandia y Noruega,
casi igual a los de Italia, Austria y Alemania, superior a los de
Canadá, Bélgica, Holanda y un poco inferior al de Estados
Unidos, Gran Bretaña y Australia, según Waisman citado
por Harrison (16).
El 25 de junio de 1912 se lleva a cabo el llamado “Grito de
Alcorta”, en la localidad del mismo nombre ubicada en el sur
santafesino, donde se reunieron chacareros (arrendatarios y aparceros)
provenientes de esta provincia y de le de Córdoba para protestar
contra las condiciones contractuales estipuladas con los propietarios
y disponer la primer huelga que aconteció en el sector. Dos
meses más tarde, se constituye la Federación Agraria
Argentina, que es la organización gremial que los representa.
En 1914 el Censo Nacional registró 189.271 explotaciones que
ocupaban 67,242 millones de hectáreas., o sea, casi toda nuestra
superficie aprovechable.
Entre 1900 y 1929 cosechamos los frutos del progreso alcanzado en
los transportes y en las comunicaciones y se acentuó la interdependencia
entre las naciones sobre la base de la división internacional
del trabajo. La expansión de la economía mundial estribaba
en subrayados movimientos de capitales, flujos migratorios y una multiplicación
del comercio. Nuestro PBI creció a razón de una tasa
anual acumulativa del 4,7% y el ingreso per cápita fue del
1,21% anual. La inversión aumentó a razón de
un promedio anual del 5,11%, lo que representó el 32,54% del
PBI. La balanza comercial se encontraba equilibrada y en expansión
El grado de apertura económica era aproximadamente del 24%
(relación porcentual entre el promedio de la suma de exportaciones
e importaciones y el PBI). El gasto del sector público fue
inferior al 5% del producto y el intervencionismo era soportable.
En general, el mercado asignaba los recursos. El consumo se desenvolvía
a una tasa del 4,58% anual, lo que implicaba un señalado incremento
del mercado interno.
Nuestro sector representaba el 28,4% del producto y casi el 100% de
nuestras exportaciones. Las inversiones eran significativas, sobre
todo en infraestructura. En 1926 exportamos 657.400 toneladas de carnes
bovinas y al año siguiente 703.000, según Pablo Kulacs.
La crisis del 29 afectó el crecimiento de las inversiones y
el sistema multilateral de pagos y de comercio. Con ella comienza
el proteccionismo. No obstante entre 1925-29 exportamos 3.016,900
tn. de carnes bovinas y 400.405 tn. de ovinas.
Según Posse (17), las estadísticas de 1930 nos ubicaban
como potencia económica y financiera en el séptimo lugar
del mundo. Nos habíamos transformado en un pueblo inesperadamente
interesante.
La mayoría de los protagonistas de la actividad agropecuaria,
incluidos los grandes estancieros y los principales cabañeros,
no procede de la colonia, ni de la gente que tuvo una actuación
relevante después de 1810. El conjunto más sobresaliente,
como los fundadores de la Sociedad Rural Argentina, vino del exterior
sin recursos y a fuerza de sacrificios y talentos prácticos
logró acumular patrimonios importantes e indirectamente enriquecer
a nuestro país. A título de ejemplo recordaré
a Casado del Alisal, Amadeo, Santamarina, Mihanovich, Casey, Estanguet,
Stegmann, Temperley, Martínez de Hoz, Alvear, etc., que sobresalen
sobre todo a partir del 80.
En 1932 nuestro país cosechó 5.900.000 tn. de trigo
sobre un total americano de 39.740.000 tn (o sea, el 14,84%). En el
resto del mundo Europa producía 68,1 millones, Asia l5,4, Africa
3,726 y Oceanía 4,808. En lino obtuvimos 2.100.000 tn. sobre
un total americano de 20,570 (o sea, el 10,20%). Europa registró
906.500 tn (el 43,36% menos que el nuestro). Asia logró 391.200
tn. ( -82%), Africa 21.350 y Oceanía 3.167 tn. Nada. Y en maíz
totalizamos 6.915.000 tn. sobre 85,295 tn. de toda América
(o sea, el 8,10%). Europa 20,228 millones, Asia 7,543, Africa 5,203
y Oceanía 216.900 tn.
A partir de la crisis y como consecuencia del creciente intervencionismo
estatal empezaron a desvincularse los precios relativos de importación
y exportación domésticos de los externos, lo cual supuso
transferencias cada vez más acentuadas del sector primario
a los restantes; es decir, del segmento más eficiente a los
menos competitivos. Para mantener la capacidad adquisitiva de los
salarios era menester abaratar los alimentos, lo que produjo una significativa
descapitalización del campo y un marginamiento cada vez mayor
de los adelantos tecnológicos registrados en el primer mundo
(sobre todo en maquinarias y equipos, fertilizantes, ingeniería
genética, riego, agroquímicos, etc.) .
A raíz de los convenios de Ottawa (que conocimos en octubre
de 1932) Inglaterra se aleja del librecambismo. Acuerda con sus Dominios
particulares preferencias (a través de aranceles y cuotas,
que no alcanzaron a nuestras carnes enfriadas por razones de distancia
y tiempo). El sistema empezó a regir desde el 1 de enero del
33. Las restricciones mayores afectaron a las carnes congeladas. Con
tal motivo el gobierno de Justo envió una misión a Londres
que formalizó el llamado pacto Roca-Runciman (1/V/33), sobre
la base del tratado de amistad, comercio y navegación celebrado
el 2/II/1825 (gracias a la misión del Gral Alvear). Inglaterra
se comprometió a no reducir las importaciones de carnes vacunas
enfriadas en más de un 10% a menos que las procedentes de la
comunidad británica también se apocaran. Se estableció
una progresiva eliminación de los derechos arancelarios. El
85% del cupo quedó en manos de los frigoríficos y el
l5% en las del gobierno o de los ganaderos (como los frigoríficos
Gualaguaychú y Grondona), que dejaba un espacio para el próximo
futuro de la CAP (18). Recordemos que el Reino Unido era el principal
adquirente de nuestras ventas externas. El pacto argentino-británico,
a pesar de sus defectos, salvó a la ganadería nacional.
Fue técnicamente reemplazado en 1936 por el convenio Malbrán-Eden,
que de acuerdo con el juicio de Daniel Drosdoff, mantuvo la mayoría
de las cláusulas del pacto de 1933. Resultó sucesivamente
prorrogado hasta 1948 (fecha en que se suscribe el pacto Los Andes)
y la política del bilateralismo que aquellos acuerdos reforzaron
se prolongó hasta 1955, pese a las críticas de Scalabrini
Ortiz, Rodolfo Puiggrós y los Irazusta.
La crisis del 30 generó una serie de mutaciones radicales que
oscilaron desde la escala de los valores aceptados por las sociedades
civilizadas hasta las concepciones políticas y económicas.
En el sector agropecuario influyó con singular severidad, particularmente
en los precios de sus principales productos - que descendieron casi
a la mitad - y en sus correlativos endeudamientos.
En 1934/35 los precios granarios mejoraron como consecuencia del estiaje
que perjudicó las cosechas norteamericanas y canadienses. Nuestras
exportaciones de trigo ocuparon el primer lugar del mundo.
Entre 1930 y 1960 predominan las concepciones keynesianas. Se forman
bloques, se multiplican los acuerdos bilaterales, se abandona el patrón
oro, se devalúan las monedas, comienza el control de cambios,
se elevan y discriminan las tarifas aduaneras, se establecen cuotas
de importación. Nosotros empezamos a querer sustituir las importaciones
industriales y pretendimos crecer hacia adentro. Se funda el Banco
Central (ley 12.155) y el Instituto Movilizador de Inversiones Bancarias
(ley 12.157). Se nacionalizan los depósitos, los servicios
públicos (ferrocarriles, teléfonos, gas, flota fluvial,
usinas eléctricas, etc.). El Estado avanzó cada vez
más sobre la actividad privada y de manera arbitraria asignó
recursos con el control de precios relativos. Se multiplican las Juntas
reguladoras de carnes, granos, algodón, azúcar, lana,
leche, vinos, yerba, etc. Luego se constituye el tristemente célebre
IAPI, que estatiza el comercio exterior, monopoliza toda el tráfico
granario y permite la generación de enormes e ilícitas
ganancias personales en desmedro de los productores. Se crea la CGE,
que goza de las prebendas del régimen partidario gobernante.
En 1947 entra en vigencia el Primer Plan Quinquenal. “En él
resulta claro que los sectores productores y comercializadores soportan
el mayor peso del cambio que se opera desde entonces en la economía
argentina”. Se advierte un creciente proceso de desinversión
y de pérdida de fertilidad.
Los campos se fraccionan cada vez más. En 1944 se suscribieron
los acuerdos de Bretton Woods, que dieron origen al Fondo Monetario
Internacional y al Banco Internacional para la Reconstrucción
y Fomento, hoy llamado Banco Mundial. Dos años después,
en Ginebra, se formaliza el Acuerdo General sobre Aranceles y Fomento
(GATT) para retornar a la multilateralidad, a la no-discriminación,
a la rebaja de aranceles, a la eliminación de barreras; en
fin, a la liberación del comercio internacional.
Entre el 50 y el 60 las exportaciones mundiales en dólares
constantes aumentaron diez veces mientras que las nuestras se estancaron
y relativa y proporcionalmente retrocedieron.
En 1939 y sobre todo a partir de la revolución del 43 el campo
subsidió a la aventura industrial y el proceso de sustitución
de importaciones. También soportó la inflación
de pos demás sectores. Una ley de emergencia - que rigió
durante 25 años - redujo el importe de los arrendamientos,
suspendió los desalojos y prorrogó sus plazos. En 1945
la superficie sembrada (26.186.000 hs.) se redujo en más de
un 10%.
Al cabo de la segunda guerra nuestro país se divorció
de las modernas tendencias económicas. Eligió ensimismarse,
enajenarse. La tasa de avance, el movimiento poblacional y el ingreso
per cápita resultaron inferiores al período anterior.
Lo mismo ocurrió con la inversión bruta y el PBI. El
consumo declinó a una tasa negativa del 3,3% anual. El gasto
público se eleva al 15% del producto y el déficit fiscal
gravitó sobre el comportamiento inflacionario de los precios.
Según el Censo de 1947 nuestro país disponía
de 4l,268 millones de bovinos, 51,172 de lanares, 7,2 millones de
equinos y casi 3 de porcinos, que divididos por el número de
nuestros habitantes todavía arrojaba uno de los porcentajes
individuales más altos del mundo.
En 1949 el Banco de la Nación Argentina comienza el otorgamiento
de créditos al I.A.P.I (Instituto Argentino de Promoción
del Intercambio) para la compra de automotores y herramientas agrícolas
(Circ. 905 B) y de inmuebles rurales (Circ. 938) para arrendatarios.
Entre 1946 y 1951 concede préstamos de “fomento”
mientras que por el otro lado el gobierno le substrajo al sector un
porcentaje desmesurado de sus ingresos mediante el manipuleo de los
tipos de cambio, los impuestos a las exportaciones y el manejo del
comercio exterior (19).
En 1950 nuestro país todavía conservaba su ventaja frente
al Japón y estaba más o menos cerca de Italia, Austria
y Alemania. Pero nuestro ingreso per capita era apenas un tercio del
de Estados Unidos y la mitad de Suiza, Canadá, Australia y
Gran Bretaña. Y comparativamente continuamos en baja pues en
1987 nuestra entrada por persona sólo fue un tercio del ingreso
promedio de los países desarrollados y una cuarta parte del
yanqui.
En el 55 habíamos agotado nuestras reservas, dilapidado nuestras
acreencias acumuladas durante la guerra, malversado el ahorro, estancado
la expansión del sector. Mucha gente dejó el campo para
hacinarse promiscuamente en las nacientes y sórdidas villas
marginales. El dominio inmobiliario rural cambió de manos.
Muchas cabañas desaparecieron. El productor tradicional fue
relegado por afortunados comerciantes o noveles industriales. El tamaño
de las explotaciones se distancia paulatinamente de la renovada maquinaria
agrícola. Los nuevos factores alteraron la vieja ecuación
productiva. El llamado Plan Ibarbia (Decretos 2187 y 2188 del 57)
y la ley Raggio (17.253) terminaron con el régimen de emergencia
y con las prórrogas de los arrendamientos. Quedaron atrás
miles de propietarios despojados por razones de apariencia social
pero sobre todo por mezquinos resentimientos. Exportamos fertilidad
y avanzó la lepra telúrica, la desertificación.
En aquellos años nuestras exportaciones de carnes a Gran Bretaña
descendían mientras que en proporción inversa crecían
nuestras ventas a la Comunidad Económica Europea. En 1969/70
desde Europa envié varias notas que publicaron “La Nación”
y “El Litoral” sobre la conveniencia de insertarnos en
aquel promisorio mercado. Nuestra balanza comercial nos era manifiestamente
favorable con Europa mientras lo contrario ocurría con USA.
Poco después las circunstancias empezaron a cambiar mientras
continuaba mi prédica en el desierto. El Mercado Común
comenzó con sus trabas aduaneras a entorpecer el ingreso de
nuestros productos (prelievos y recargos arancelarios). Reynal O’Connor,
entonces presidente de la Junta Nacional de Carnes, realizó
exitosas gestiones en Italia y en España para obviar los escollos
aduaneros.
Según FIEL (“Indicadores”, Nº 381 de agosto
1998, p. 3), “La Argentina de los 70 y los 80 se caracterizó
por un enorme desorden monetario y fiscal”
A fines del 83 nuestro sistema económico estaba exhausto y
se encontraba hundido en sí mismo y distanciado de los mercados
externos, con cambios diferenciales y castigos a nuestras exportaciones,
con cuyas rapiñas se sufragaban el gasto público y el
consumo interno. El intervencionismo estatal, las regulaciones, los
controles de precios, la presión tributaria progresiva, la
inflación, el descontrolado emisionismo monetario, el déficit
fiscal y cuasi-fiscal y la carencia de crédito interno y externo
primero nos empobrecieron y luego nos asfixiaron. El único
mercado que funcionaba era el “morocho” propio de la eufemísticamente
llamada economía “informal”. Durante el quinquenio
1983/1988 el PBI per cápita disminuyó un 2,71%. En el
84 la inflación fue de 625,7% anual (medida por el comportamiento
de los precios mayoristas -IPM-) y en junio del 85 llegó al
42,3% mensual. El tipo de cambio que recibimos por las ventas externas
de nuestros principales excedentes (trigo, maíz, soja, pellets
y aceite de soja, aceite de girasol, carnes, lana sucia y lavada)
menguó nuestros ingresos. Las transferencias de nuestro sector
a terceros fueron de 24.400 millones de australes por año (19.600
para el erario público y 4.800 para subsidiar al mercado interno).
La rapacidad total del quinquenio fue equivalente a 2,1 cosechas de
maíz, 1,7 de trigo, 5,5 millones de novillos (o sea, el 46%
de la faena total) o 2 años y 7 meses de la producción
de leche. Dichos escamoteos afectaron gravemente al campo porque dicho
sector es tomador de precios -que no puede fijarlos- y porque le alteraron
su relación insumo-producto.
“A mediados de 1989, sostiene Roberto T. Alemann, la Argentina
no tenía destino. Su déficit público era alucinante,
la emisión monetaria desbordaba, la indexación transmitía
al minuto los impulsos inflacionarios, la economía se cerraba
sobre si misma, la fuga de los ahorros al exterior gracias a los arbolitos
implantados en cada barrio y en cada pueblo y al efecto del doble
tipo de cambio alcanzaba ribetes alucinantes, las inversiones decaían,
la infraestructura ni se mantenía y menos se ampliaba, la deuda
pública interna y externa no se pagaba, el país carecía
de crédito en el exterior y el crédito bancario nacional
lo absorbían el gobierno y sus insaciables empresas públicas,
donde anidaba una corrupción cuyo tamaño sólo
se descubrió tras sus privatizaciones. La Argentina era, en
suma, un país inviable según todos los indicadores”.
El fatal estatismo - como lo calificara Pinedo - generó industrias
artificiales, empleos artificiales, dinero artificial (20). Durante
el gobierno de Alfonsin-Sourrouillle la inflación alcanzó
el máximo histórico registrado en la Argentina para
llegar al 3.194,6%. En 1969, durante la administración Onganía-Krieger
Vasena fue de 7,6%. En 1994 se redujo al 3,5%, inferior a la de los
EE.UU.
La crisis cambiaria, bursátil y financiera de los países
asiáticos, si bien indujo cambios en el comportamiento de los
agregados monetarios y tasas de interés, demostró los
beneficios del fortalecimiento de nuestro sistema crediticio a partir
de la experiencia “tequila”. En 1997 la inversión
creció el 27% y la monetización otro tanto (27,7%) con
$ 82.353 millones (un 50% superior a 1995. Según FIEL, la economía
argentina se encontraba en buenas condiciones para soportar la crisis.
Con el sistema financiero estable y los números fiscales débiles,
estábamos en mejores condiciones que otros países emergentes.
La ley de Convertibilidad, con su rigidez, había impuesto una
regla ordenada. La consistencia facilitó el desarrollo de mercados
de capitales y financieros que funcionaron mejor que en el pasado.
En el sector agropecuario se observa desde 1991 un profundo cambio
debido a la modificación de los precios relativos, como lo
admitió Crotto en las Sextas Jornadas de ABRA (21). Como consecuencia
del enfrentamiento comercial entre USA y la Unión Europea los
precios de los “commodities” fueron bajos en términos
históricos. El cambio tecnológico y la capacitación
gerencial contribuyeron a sortear estos obstáculos. Se encuentra
pendiente un financiamiento adecuado, todavía inaccesible para
los productores. Sin duda este es el lado negativo de la coyuntura.
Se estima que el endeudamiento del sector ronda los 6.000 millones
de pesos (o sea, un 30% del valor de su producto, que se calcula en
20 mil millones y el 14,5% del valor de la tierra. Los intereses devengados
oscilarían alrededor del 9% de la producción. No obstante
el problema es solucionable en la medida que se mantenga la tendencia
a la baja de los intereses y se reduzca el “spread” entre
las tasas pasivas y activas. Para mejorar la actual situación
habría que emplear más los mercados de futuro a fin
de aminorar los riesgos generados por la modificación de los
precios. Los bancos deberán ajustarse a nuestro tiempo.
Desde 1991 hasta 1997 el área sembrada con granos creció
un 30% (26 millones de hs.), la producción agrícola
aumentó desde 39,2 hasta 66,3 millones de tn., la producción
de leche ascendió desde 6.400 hasta 9.165 millones de litros,
la de yerba mate se incrementó en un 258% (desde 12.022 hasta
43.000 tn.), la de frutas registró una diferencia positiva
del 21%, la de hortalizas + 45%, la de carne de aves un + 116%, la
de carne porcina un + 3%. También en el rubro inversiones-ventas
se verificaron abultados acrecimientos: en tractores 118%, en cosechadoras
98%, en equipos de riego 293%, en fertilizantes 530%, en herbicidas
231%, en insecticidas 175% y en fungicidas 116%.
En 1998, según FIEL, la producción ganadera evolucionó
hacia una etapa de retención, después de soportar su
desplazamiento por la agricultura. Las existencias ganaderas al 30/VI/97
rondaban los 50 millones de cabezas (3,2 millones menos que en 1994).
El precio promedio de exportación fue rentable (U$S. 1.950
por tn.). A partir de 1996 (año que exportamos 470 mil tn.)
el valor se encogió entre un 5 y un 10%.
El área sembrada 97/98 fue ligeramente menor a la del período
precedente, que estableció una verdadera proeza de laboreo.
Las oleaginosas en general y la soja en particular fueron muy sensibles
a los cambios de los precios relativos. Por su parte, los rendimientos
unitarios fueron excelentes y superaron las marcas históricas.
Las exportaciones del complejo agrícola-aceitero - pese a la
caída de los precios internacionales - fueron muy buenas y
se calculan en U$S. 8.600 millones.
Las perspectivas halagüeñas que advierto en el mediano
y largo plazo estriban en que
1) La aftosa fue erradicada. Hace meses que no se registra ningún
foco en todo nuestro territorio. Por otra parte los criterios sanitarios,
aún en las administraciones más exigentes, tienden a
liberalizarse. Por eso obtuvimos la aprobación de Washington,
que nos adjudicó una cuota anual de 20.000 ton. de carnes frescas.
Es probable que al mercado de USA le sigan las demandas canadienses
y las mexicanas. Las avenencias sanitarias de la Ronda Uruguay del
GATT mejoraron nuestras condiciones vendedoras. El Acuerdo determinó
que la Oficina Internacional de Epizootias aceptara la validez del
status ‘Zona libre de Fiebre Aftosa con vacunación’
en reemplazo del criterio anterior de ‘país libre’,
con lo que la Argentina dio un importante paso para ganar nuevos mercados
para sus carnes (22). A partir de entonces se nos abrieron las puertas
de muchos mercados, con poca tierra y con población y capacidad
adquisitiva crecientes. Exportamos a Chile y a la Unión Europea.
La firma de tratados con países del Este Asiático se
añade a lo expresado anteriormente.
Nuestro país recibió doce visitas de representantes
de gobiernos extranjeros para examinar el estado sanitario de nuestros
rodeos bovinos, con asientos promisorios.
“Los resultados de este esfuerzo internacional, sin embargo
sólo se reflejarán parcialmente en el corto plazo debido
no sólo a los determinantes de la oferta interna ya mencionados
(aumento del precio del novillo, etc.) sino también a factores
de demanda” (23), de requerimientos menguados.
2) El Mercosur, que comenzó a regir el 1 de enero de 1995,
constituye el 25% del escenario económico del planeta y por
eso ya es considerado el cuarto mercado potencial. En 1994 le vendimos
a Brasil por 3.654 millones de dólares, lo que representaba
el 23% de nuestros excedentes y a la Unión Europea el 24,6%.
En 1996 le exportamos a nuestros socios por 6.605,1 millones de U$S,
suma que representa el 28% de nuestras ventas externas (y a la Unión
Europea el 19%).
En el norte de nuestro país, según Iriarte, las exportaciones
de animales en pie al Brasil y a Paraguay levantaron sus precios e
impulsaron a los frigoríficos exportadores a desplazarse hacia
el sur, donde compiten con otras plantas que, a su vez, se ven obligadas
a realizar sus compras en otras zonas. “Este efecto ‘dominó’
se siente hasta el centro-sur de Santa Fe” (24). En 1997 exportamos
al Brasil 30.000 tn. de carne vacuna.
3) La Rueda Uruguay del Gatt, donde se lograron tres innovaciones
satisfactorias: el acuerdo sanitario multilateral que flexibiliza
las normas imperantes en los países compradores (en particular
el embargo norteamericano dispuesto en 1927), una mejoría en
la política importadora y un incremento del tonelaje de carnes
frescas deshuesadas (equivalentes a 30.000 medidas en peso de res)
que USA nos asignó con el Uruguay, con un arancel del 4%, con
la probabilidad de acceder a las 64.000 de “otros países”
y a la reducción de las cuotas asignadas a Australia y Nueva
Zelanda en la hipótesis de que no fuesen satisfechas (25).
El Secretario de Agricultura de EE.UU., Dan Glickman, en la última
reunión de la OPIC en Denver, empleó un tono aperturista
y prometió gestionar ante los demás países la
reducción de sus trabas paraarancelarias. El embajador neocelandés,
durante el mismo Congreso, informó acerca de la eliminación
total de los subsidios, que favoreció la competencia, la inversión
y la productividad del sector.
Alieto A. Guadagni (26) afirma que “no habrá recursos
para subsidiar a pocos y declinantes agricultores cuyo poder político
será superado por los cada vez mayores contingentes de ancianos...
El nuevo escenario internacional agropecuario se caracterizará
por los mercados dinámicos y la menor oferta de los PI (países
industrializados) debidos a la reducción de sus subsidios”.
4) La nueva política agropecuaria de la Unión Europea
y los cambios acontecidos en ella. A partir de 1992 los ministros
de la Unión Europea acordaron reformar la Política Agraria
de la Comunidad (PAC) con tres objetivos fundamentales: a) promover
la forestación pues el promedio de pérdidas de los bosques
es del 17,7% (en España llega al 20%); b) anticipar las jubilaciones
de agricultores y ganaderos; y c) fomentar solamente los cultivos
más conservacionistas del medio ambiente. El área sembrada
aminoró, se liquidaron las reservas de lácteos y de
carnes, disminuyó la oferta de productos primarios y los excedentes
europeos dejaron de competir con los nuestros. La cuota Hilton (los
cinco mejores cortes de los cuartos traseros -rump and loin- bovinos),
libre de prelievos, fue ampliada. Ignacio Iriarte sostiene que con
novillos de 400-420 kg. de buena conformación pueden obtenerse
los cortes Hilton con el peso mínimo exigido. Y añade
que “si en el futuro crecen las exportaciones, es previsible
que la industria deba faenar novillos más livianos para (poder)
cumplir”. Muchos mercados, particularmente el alemán,
demandan cortes de mayor tamaño, que sólo se obtienen
de razas continentales o británicas pesadas (27). Franz Fisher,
Comisionado agrícola de la Unión Europea, moderó
su anterior criterio proteccionista. El Ministro de Agricultura de
Canadá anunció que su país eliminará los
subsidios a las exportaciones de granos y aceites y los correspondientes
a la Western Transportation Act. Lo que importa tener en cuenta es
que la U.E. prácticamente ya dejó de ser un oferente
de carne subsidiada en el mercado internacional.
Hace pocos años el director de la Banca d’Italia, Carlo
Azeglio Ciampi, había advertido que si su país no practicaba
drásticos recortes a su presupuesto fiscal le sería
imposible alcanzar el standard mínimo para la unión
monetaria europea concertada en Maastricht. (En esos momentos el déficit
presupuestario italiano era casi el 10% de su PBI y su deuda pública
equivalía a un año de sus ingresos. (Cfr. “La
Nación”, Bs.As., 5/VI/92, Iglesias, Graciela, “CEE:
Aquí no pasó nada”).
5) La demanda japonesa. Según los estudios realizados por la
Fundación Okita (28), el consumo de carne bovina en el Japón
crecerá en el próximo quinquenio a casi el doble, demanda
que representa un adicional de 720.000 tn. Jiro Shiwaku, presidente
de la LIPC, reconoció en Denver que ellos importarán
mayores volúmenes y en privado le confesó a nuestro
Arturo Llavallol que estaba en contra de los proteccionismos. En la
actualidad Japón ya es el mayor importador de carnes vacunas
en valor y el principal en todas las carnes
6) El Sudeste asiático y China. Como Los mercados del Pacífico
son en la actualidad más importantes que los del Atlántico.
Indonesia, Filipinas, Tailandia, Malasia, Singapur, Corea, Taiwan,
Japón y China representan el 30% del PBI y el 31% de la población
mundiales. Venden por 950.000 millones de dólares y compran
por 870.000. Sólo Taiwan exportó en 1994 por 98.000
millones de U$S.
Por otra parte la demanda china de trigo aumentará paulatinamente
por el crecimiento de su población aunque la tasa media de
natalidad haya disminuido. Se estima que su población sobrepasa
holgadamente los 1.200 millones de habitantes (el 21% del mundo),
a lo cual hay que sumar el crecimiento económico que se refleja
en el incremento de los ingresos per capita. El aumento de su PBI
subió del 3,8% de 1990 al 13,7% de 1993. Hay que añadir
las mudanzas de los hábitos alimentarios: acreció el
consumo de aceites vegetales y grasas de 8,2 kg. en 1991 a 10,5 kg
en 1995.
Hace 28 años se fundó la hasta ahora poca conocida Asociación
de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) que integran Indonesia,
Malasia, Filipinas, Singapur, Tailandia, Brunei y Vietnam, que fue
la última en incorporarse. Entre todos reúnen 420.000.000
de habitantes y resolvieron fijar un área de libre comercio,
que regirá al cabo de una reducción de sus tarifas.
“En Denver, EE.UU., sostiene Alberto de las Carreras (29), quedó
de relieve que Asia es hoy la región más importante
como demandante y quienes quieran competir en el mundo deberán
hacerlo con un producto cada vez más cuidado en los aspectos
sanitarios y de marketing”.
Para nuestro país ya se abrieron Filipinas, Malasia, Tailandia,
Hong Kong y Singapur y hay negociaciones con Corea, Taiwan y Japón.
Se estima que en el decenio próximo habrá un consumo
que elevará la demanda de importación a poco menos de
2 millones de toneladas del producto si se incluye a China y a sólo
de 1,2 millón si a ésta se la deja de lado. Nuestro
país podría participar con un 15 a un 20% de dicho abastecimiento,
lo que importaría una adición exportable de unas 200.000
tn. anuales. Al referido volumen hay que añadir los mejores
precios que se obtienen por los cortes frescos de calidad (Cfr. “La
Nación”, Bs. As. 7 de enero de 1966, Secc. 2, p. 10)
7) La evolución de la demanda y de la oferta mundiales. La
futura producción y distribución de alimentos es uno
de las mayores interrogantes que deberá develar el mundo. Se
aprecia que en los próximos cincuenta años la población
crecerá más que los alimentos y las fibras necesarias
para mantenerse y vestirse. Esto supone un aumento de los volúmenes
sin mengua de la fertilidad edáfica. En los últimos
diez años la población registra un crecimiento mayor
que la producción agropecuaria. La “revolución
verde” (o sea, el uso de variedades mejoradas de elevado rendimiento,
de fertilizantes y agroquímicos) degradó los suelos
y no mejoró los costos. El exceso de cultivos redujo nutrientes
y materia orgánica y contaminó las napas freáticas
mientras que los abonos nitrogenados también deterioran la
atmósfera. Los problemas se complican con el empleo de maquinaria
cada vez más pesada que compacta la tierra, reduce su filtración,
acentúa los efectos de las inundaciones y prolonga las sequías.
La reducción de las labranzas importa el incremento de la materia
orgánica y la permeabilidad del suelo. Se impone la llamada
agroecología según el criterio de Solbring (30), profesor
de Biología de la Universidad de Harvard, que trata de eliminar
o por lo menos disminuir el uso de insumos químicos y propone
cultivos mixtos en franjas. Estas circunstancias mundiales nos favorecerán
frente a nuestros competidores. En igual sentido se manifestó
el Comisionado Europeo Franz Fischler respecto del uso de los anabólicos
tóxicos.
Conforme con un reciente informe de Naciones Unidas, la población
del planeta se duplicará en las próximas cinco décadas.
Preocupa el ritmo del crecimiento demográfico en el hemisferio
sur. Si los cálculos fueran acertados los recursos disponibles
no alcanzarían para alimentar y vestir a mucha gente.
“A la hora de hablar de carne no hay discusión posible:
(Vierheller afirma que) tenemos la mejor carne del mundo”. Por
eso Ezequiel Martínez Estrada opinaba que a la vaca “deberíamos
adorarla como los hindúes o los egipcios, pues de ella dimanan
nuestros bienes y nuestros males”.
Además debemos computar que el precio de los commodities no
energéticos subió un 3,3% en 1994 y se estima que continuará
dicha tendencia.
En nuestros días los productos oleosos engendran más
divisas que las carnes, los cereales, los combustibles o cualquier
otro excedente. Un solo producto oleaginoso - la harina de soja -
representa un 7% del total de nuestras exportaciones. Por eso se aseguró
que la harina de soja es el ‘producto’ mientras que el
aceite es el ‘subproducto’. Las perspectivas no pueden
ser mejores. El mercado mundial seguirá creciendo y también
lo hará la producción argentina.
Cabe recordar que nuestro país es líder mundial en exportaciones
de soja y girasol, cuyas ventas externas alcanzan al 95% de la producción.
Los aceites se venden a 66 países (predominantemente a Africa,
Asia y, en los últimos tiempos, al sudeste asiático).
Las harinas proteicas se venden en 34 países (principalmente
europeos) . El mercado mundial de oleaginosas se expande a razón
de un 3% anual. Es importante recalcar que las oleaginosas argentinas
compiten sin proteccionismo de ninguna índole contra las de
otros países cuyas industrias se encuentran privilegiadas.
“El mercado mundial crecerá de manera sostenida.”
(Cfr. “La Nación”, Bs. As., 6/En./96, Secc. 5ta.,
p. 68).
Por otra parte es oportuno tener en cuenta que, de acuerdo con las
proyecciones disponibles y por las cada vez más rígidas
exigencias ecológicas, nuestros excedentes agropecuarios ocuparán
los espacios vacíos que sólo Uruguay, Australia, Nueva
Zelanda y eventualmente Estados Unidos podrán abastecer. Los
llamados productos “verdes” u “orgánicos”
incontaminados tienen seguras perspectivas. Hemos vuelto a Israel,
Perú y Hon-kong.
Nuestro futuro es promisorio. Las recientes menguas registradas en
el valor de los granos y el aumento de la carne favorecen el engorde
a corral. La demanda externa elevará los precios frente a una
oferta poco elástica y estacional. Si logramos sortear la coyuntura
estimo que el mercado nos devolverá mañana lo que nos
quitaron los responsables de una Argentina autista y encapsulada,
los teóricos keynesianos, los cepalistas, los resentidos de
siempre, los entenados del estado nodriza, los populistas y los demagogos,
los alienados que en definitiva nos divorciaron del mundo al cual
ingresamos del golpe en 1880 - al dejar la “gran aldea”,
colgar el chiripá, vestirnos de frac y descubrir a los “impresionistas”
cuando París los ignoraba -.
Alguien sostuvo que la esperanza es lo que muchos anhelan y algunos
consiguen. No concuerdo con Montaigne en que la suerte de unos cause
el perjuicio de otros. Es un aserto envejecido y mercantilista. Coincido
una vez más con Chesterton en que el optimismo consiste en
estimar que todo mejora menos el pesimismo.
Confiemos en la aurora, que nos aguarda para alumbrarnos a la vuelta
de la esquina.
Notas
(1) Gianello, Leoncio, “Historia de Santa Fe”,
Plus Ultra, 3ra. ed., Bs.As.. 1978, p. 31; Gandía, Enrique
de, “Expedición de Sebastián Gaboto” en
“Historia de la Nación Argentina” de la Academia
Nacional de la Historia dirigida por Ricardo Levene, t. III, pp. 428/9;
Zapata Gollán, Agustín, “La Fauna y la Flora de
Santa Fe”, pp. 12/3, Declaraciones de Junco, Nuremberg y Gaboto
ante la casa de contratación de Sevilla. Busaniche, José
Luis, “Historia Argentina”, de. Solar/Hachette, Bs. As.
1979, p. 48; Vedia y Mitre, Mariano de, “Don Pedro de Mendoza,
Fundador de Buenos Aires”, ed. Estrada, Banco de Italia y Ríos
de la Plata, Bs. As.,1980 (cita a Ulrico Schmidl, “Crónica
del viaje a las regiones del Plata, Paraguay y Brasil”.
(2) Lafuente Machain, Ricardo, “La Asunción de Antaño”,
Bs.As., 1943, p.9; Punzi, Orlando Mario, “Las entradas al Gran
Chaco” en “Todo es Historia”, Nº 335, junio
1995, pp. 66 y ss.; Gandía, Enrique de, “Descubrimiento
del Río de la Plata, del Paraguay y del estrecho de Magallanes”
en “Historia de la Nación Argentina” de la Academia
Nacional de la Historia, t. II, 2da. parte, Bs.As., 1955; Schmidel,
Ulderico, “Viaje al Rio de la Plata y Paraguay” en Colección
Pedro de Angelis, t. VI, Bs.As., 1960. García Viscaíno,
José, en “La multiplicación del ganado en el Plata”,
diario “La Nación”, 12 de septiembre de 1970, Secc.
2ª, p. 2, sostiene que el sufrimiento modeló el carácter
de los conquistadores que supieron de la intensidad de sacrificios
que exigía la conquista, y ese carácter rudo y viril
lo heredaron los sucesores de la sangre de Solis y Garay, Magallanes
y Diego de Mendoza, Medrano, Guzmán, Benavídez y tantos
otros”.
(3) En las capitulaciones se le ordena que no permita el ingreso a
su jurisdicción de letrados ni procuradores para que no haya
pleitos ni conflictos y autoriza a los pobladores para que elijan
alcaldes ordinarios (Gianello, L. op. cit.,p.50).
(4) Gianello, L., op. cit., p. 5.
(5) Busaniche, Julio, “Apuntes sobre la fundación y desarrollo
de la ciudad de Santa Fe”, ‘, 1929, pp. 18/9.
(6) Cervera, Manuel M., “Historia de la ciudad y provincia de
Santa Fe”, Sta. Fe, 1907, t. I, p. 134.
(7) Barco Centenera, Martín del, “La Argentina”,
Canto VIII.
(8) Casó con Jerónima de Contreras, hija de Juan de
Garay. Cfr. Coni, Emilio, “Agricultura, comercio e industrias
coloniales”, Buenos Aires, 1941, p. 19. Según el P. Lozano,
Hernandarias -ayudado por sus hijas- acarreaba tierra para la construcción
del templo de los Jesuitas que “estimaba más ser peón
de este que haber sido cuatro veces gobernador”.
(9) Gianello, L., op. cit., pp. 96/103).
(10) El P. Roque González de Santa Cruz, que murió mártir
en 1628, estableció las reducciones de Itapuá, Concepción,
San Nicolás, San Javier, Yapeyú y Todos los Santos de
Coaró. Cfr. Gracía, Juan Agustín, “La ciudad
indiana”.
(11) Levene, Ricardo, “Riqueza industrial y comercio durante
el Virreinato” en “Historia de la Nación Argentina”
de la Academia Nacional de la Historia, T. IV, p. 261.
(12) Robertson, John Parish, “Cartas de Sudamérica”
(1815-1817), Bs. As., 1946. Inchauspe, Pedro, “Pilchas gauchas”.
Santillán, Diego Abad de, “Gran Enciclopedia de la Provincia
de Santa Fe”, de, Ediar, Bs. As. 1967, t. I.
(13) Busaniche, José Luis, “Historia Argentina”,
Solar-Hachette, Bs.As., 1965,p.353; Cutolo, Vicente Osvaldo, “Nuevo
Diccionario Biográfico Argentino (1750-1930)”, de. Elche,
Bs.As., 1969, t. II, p. 95; Barreto, Félix G., “Patriotas
Santafesinos”, Sta. Fe, 1927, pp. 33/36; Cervera, Manuel M.,
“Don Francisco Antonio Candioti” en “Revista de
la Junta Provincial de Estudios Históricos”, Santa Fe,
1942, t. VII; Candioti, Luis Alberto, “Francisco Antonio Candioti”
en ídem, 1965, t. XXXIII, pp. 63/72; Busaniche, José
Carmelo, “Hombres y hechos de Santa Fe”, Sta. Fe, 1955,
pp. 24, 31, 88 y 94; Avilés, Víctor D. “Gobernantes
de Santa Fe desde 1810 hasta 1960”, Rosario, 1960, pp. 40/41.
(14) Las primera colonias se constituyeron antes de 1853. En julio
de 1825 Barber Beaumont instala una en San Pedro (Pcia. de Buenos
Aires). Cerca de Paraná estaba la llamada “Las Conchas”
obra del coronel español Manuel Clemente. Aaron Castellanos
convino con nuestro gobernador Domingo Crespo traer 1.000 familias
suizas (13 de junio de 1853). En 1855 Augusto Brougnes organizó
la colonia San Juan, sobre el puerto de Santa Ana, próxima
a Corrientes. Sobre el tema existe una abundante bibliografía.
Sólo citaré a Miguel Angel Cárcano, “Evolución
histórica del régimen de la tierra pública 1810-1916”,
Bs.As. 1917; Juan M. Galli Pujato, “El problema de la tierra
y la colonización nacional”, Santa Fe, 1950; Julio Saguier,
“Colonización interior”, en Diccionario OMEBA,
t. III; Schopflocher, Robert ,“Historia de la colonización
agrícola en la Argentina”, Bs.As. Raigal, 1955; Domínguez,
C y Villalobos, J., “Colonización integral en tierra
de propiedad común y concesión vitalicia individual”,
Bs.As., El Ateneo, 1953
(15) Zemborain, Saturnino, “La verdad sobre la propiedad de
la tierra en la Argentina”, ed. del Instituto de Estudios Económicos
de la Sociedad Rural Argentina, Bs. As. 1973. En 1845 Ricardo B. Newton
instala el primer alambrado en su establecimiento “Santa María”de
Chascomús. En 1876 se importaron 5.000 tn. de rollos de alambres.
(16) Harrison, Laurence, “El subdesarrollo está en la
mente: el caso Argentino” en las Sextas Jornadas Bancarias organizadas
por ABRA (Bs.As. 5 de julio de 1995); Giberti, Horacio C.E., “El
desarrollo agrario argentino” (Estudio de la región pampeana),
de. EUDEBA, Bs.As. 1964, pp.57 y ss.
(17) Posse, Abel, “La pasión según Eva”,
de. Emecé, Bs.As. 1994, p. 106; Kulacs, Pablo, “Los terratenientes”,
Centro Editor de América Latina, Bs. As., 1971, p.93, quien
afirma: “C.A.P. fue la consecuencia de una larga lucha de los
ganaderos argentinos (de la Sociedad Rural) contra las prácticas
monopolísticas de la industria frigorífica, dominada
por empresas de capital extranjero” . Tenembaum, Juan L., “Orientación
económica de la agricultura argentina”, Bs.As., 1946
pp. 51/2.
(18) Roca, Eduardo, “Julio Argentino Roca (h)”, CARI,
“Los Diplomáticos”, 2da. ed. Jockey Club, Bs.As.1995,
pp. 83 y ss. El tratado reportó “beneficios generales”
para nuestra economía. El gobierno de Yrigoyen “había
intentado algo semejante de menor complejidad, pero no pudo llevarlo
a cabo. La administración presidida por Justo la puso en marcha...
embretado por el proteccionismo europeo y, especialmente, el norteamericano”;
Pérez Llana, Eduardo A. “Derecho Agrario”, 4ta.
ed., Castellví, 1962, p. 531; Fraga, Rosendo, “El hijo
de Roca”, de. Emecé, Bs. As., 1994, pp. 104 y ss. Cabe
señalar -dice Fraga- que varios diarios británicos criticaron
el acuerdo por considerar que otorgaba concesiones ‘excesivas’
a la Argentina”; Pipino, Ovidio M., “El tratado Roca-Runciman
y el desarrollo industrial en la década del 30”, ed.
Centro de Estudios Históricos, Bs. As., 1988; Aja Espil, Jorge
A., “Tomás Le Breton, su tiempo y su mundo”, ed.
Jockey Club, Bs.As., 1994, p. 30. Cita a Horacio Zorraquín
Becú quien, en su “Manuel Malbrán” (CARI,
“Los diplomáticos”, nro. 7, 1993), sostiene: “malos
o buenos (los tratados con Inglaterra), le permitieron a la Argentina
atravesar una crisis mundial avasalladora”; Drosdoff, Daniel,
“El gobierno de las vacas” (1933-1956) tratado Roca-Runciman,
de. La Bastilla, Bs.As. 1972, p. 166; Pereda, Horacio, “La ganadería
argentina es una sola”, de. Sella, Bs.As., 1939; Pinedo, Federico,
“En tiempos de la República”, de. Mundo Forense,
Bs.As., 1946, vol. I; Martínez de Hoz, José Alfredo
(h), “La agricultura y la ganadería argentina en el período
1930-1960”, de. Sudamericana, Bs.As., 1967.
(19) Barsky, Osvaldo, “La información estadística
y las visiones sobre la estructura agraria pampeana”, en “El
agro pampeano. El fin de un período” en colaboración
con Alfredo Pucciarelli, ed. Flacso de la Oficina de Publicaciones
del CBC, Universidad de Buenos Aires, , 1997, pp. 124 y ss.; Girbal-Blacha,
Noemí M. “Ayer y hoy de la Argentina Rural”, Univ.
Nac. de La Plata, Nac. del Litoral, Nac. de Quilmes. REUN y Página
12, Ed. La Página, Bs.As., 1997, pp. 52 y ss.
(20) Alemann, Roberto T., “Reflexiones sobre la estabilidad”,
de. Jockey Club, Bs. As. 1993, pp. 15/6.
(21) Crotto, Enrique, “Los Sectores Productivos y la Banca.
El Ahorro, el Crédito, el Costo del dinero y sus implicancias
regionales” en las Sextas Jornadas Bancarias organizadas por
ABRA (Bs.As. 7 de julio de 1995). Según el economista Raúl
Fuentes Rossi “el crédito en la Argentina va a ser escaso,
selectivo y costoso” (Cfr. Diario “La Nación”,
Bs.As. 29/IV/1995, 4a. Secc. P. 4). Como signo negativo debo apuntar
la evolución del gasto público que en 1991 fue de 47.937
millones de pesos y tres años más tarde alcanzó
los 74.804.
(22) Rappoport, Verónica, “Argentina Libre de Aftosa”,
Aspectos a tener en cuenta. En rev.”Hereford”, Año
LX, Nº 603, pp. 47 y ss. Aclara la autora que los mercados del
Lejano Oriente se encuentran virtualmente en manos de Australia, Nueva
Zelanda y Estados Unidos. Ellos demandan animales más pesados
y con mayor porcentaje de grasa.
(23) FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas),
“Reseña 1997 de la Actividad Económica 1997”,
Número Especial, Julio1998, p. 90.
(24) Baldinelli, Elvio, “El Mercosur: oportunidades y riesgos”,
ed. Jockey Club, 1995, pp.27/8.
(25) En los EE.UU. se estableció una cuota global de 656.621
tn. de cortes de carnes vacunas. De ellas corresponderán a
Australia 378.214, a Nueva Zelanda 213.402, 200 a Japón y 64.805
a otros países indeterminados. Además podremos exceder
el volumen asignado pero con un arancel del 31,3% que se reducirá
linealmente en un 15%.
(26) Guadagni, Alieto A., “Comenzaron ya las huelgas del siglo
XXI?”, en “La Nación”, Bs.As., 18 de enero
de 1996, p. 7, sostiene que las huelgas que se produjeron en Francia
demuestran la crisis del estado providencia, del “Welfare state”
y de la política de subsidios, la que se acentuará durante
las próximas décadas. “Lo que no pudo lograr el
grupo Cairns ni las apelaciones a la racionalidad económica
o a la preservación del medio ambiente será obtenidas
en los próximos años por la fuerza arrolladora de la
demografía”.
(27) Iriarte, Ignacio “Comercialización de ganados y
carnes”. Algunos aspectos de su situación actual. Ed.
Cámara Argentina de Consignatarios de Ganado, Bs. As., julio
de 1995; Herrera, Fernando, “La cuota Hilton y los productores
rurales” en diario “La Nación”, Bs.As. 29
de abril de 1995, Secc. 4a., p. 4.
El organismo de Solución de Diferencias de la recientemente
creada Organización Mundial del Comercio contribuirá
a evitar o por lo menos mitigar las políticas proteccionistas.
(28) La Fundación Okita, debe su nombre al orientador del desarrollo
japonés. Fue concebida para multiplicar las relaciones entre
la Argentina, Japón y el este asiático. Según
el Ing. Agr. E. Takacs las compras niponas oscilan en unas 4.000 tn
anuales de carne elaborada. En la actualidad los tres principales
rubros donde tenemos ventajas competitivas son carnes, productos forestales
y minerales. (Cfr. “La Nación”, Bs. As., 8/VII/1995,
2da. Secc. p. 5).
La Fundación publicó un estudio de Nélida Archenti
sobre las expectativas argentino-japonesas, titulado “El Comercio
Exterior y la Inversión en la Argentina” (Bs. As. 1995,
p. 36), según el cual los países del sudeste asiático
(que se han convertido en el centro de mayor crecimiento mundial,
estimación que coincide con lo pronosticado por “La Nación”
de Bs.As. del 29/IV/1995, 4ta. Secc., p. 1 y con la nota de Arturo
Vierheller (h), titulada “Feed-lots y hacienda general del mismo
diario y Secc. del 15/IV/1995, p. 1 y “Boletín de la
Sociedad Rural Argentina”, año XXXVII, Nº 720, diciembre
de 1994, p. 2) que podrían comerciar con nuestro país
serían Japón en un 48,85%, China en un 35,0%, Corea
33,8%, Malasia 21,3%, Taiwan 13,8%, Singapur 8,0%, Indonesia 8,8%,
Thailandia 5,0%, Filipinas 3,8%, Hong Kong 3,8%, Vietnam 1,3%, etc.
En alimentos los posibles inversores en nuestro país, de acuerdo
con el informe Okita, son Japón, China, Corea, Malasia, Taiwan
y Singapur y en agroindustria los cuatro primeros .
(29) Carreras, Alberto de las, “Carnes: un nuevo escenario”,
en “La Nación”, Bs.As. 17/VI/1995, 4ta. Secc. La
nota refiere el último Congreso Internacional realizado por
la OPIC (Oficina Permanente Internacional de la Carne, de la que fui
fundador en Madrid en 1974 por la Sociedad Rural Argentina y cuya
tesorería ejercí durante cuatro años ) y subraya
la asistencia de 850 delegados de los cuales 220 eran del Asia. La
información referente a la ASEAN pude verse en el diario “ABC”
de Madrid del 30/VII/1995, p. 34. Los datos sobre China fueron publicados
por el “Informativo Semanal” de la Bolsa de Comercio de
Rosario, año XIV, Nº 693, de agosto de 1995, pp. 12/3.
(30) Solbrig, Otto T., “Agricultura y alimentación”
en diario “La Nación” de Bs. As. del 29/IV/1995,
4ta. Secc., p. 1; cfr. “Ambito Financiero”, Bs.As., 14/VIII/1995,
p. 18; Garat, Luis E. , “Ganadería, despejar los nubarrones”,
en rev. “Anales” de la Sociedad Rural Argentina, año
CXXVIII, Nº 2, agosto de 1995, pp. 4/6.Según Roberto T.
Alemann (op. Cit. P. 18) los subsidios (a la producción agropecuaria)
de los 24 países agrupados en la Organización Económica
para el Desarrollo y la Cooperación (O.E.C.D.), con sede en
París, alcanzaron el alucinante importe de 354.000 millones
de dólares. Los déficits de esos 24 países, excepto
Japón y Luxemburgo, alcanzan a la módica suma de un
billón de U$S. anuales; o sea, el 4% del PB mundial.
El organismo de Solución de Diferencias de la recientemente
creada Organización Mundial del Comercio contribuirá
por lo menos a mitigar las políticas proteccionistas.